viernes 3 de abril de 2009
sábado 19 de abril de 2008
Las piernas del tiempo
Das vueltas sobre lo mismo dejando entre palabras bonitas, pero tontas, la posibilidad de que entre muchas líneas alguien te advierta.
Y es entonces cuando dibujas una contradicción, cerrás con llave tu texto y tirás la llave al fondo del río.
Así ya nadie ajeno podrá advertirte, y podrás seguir siendo para ellos como ellos son: miserable, cobarde, hermosa y deliberadamente ingenuo.
Tu vida se va a pasar sin hacerte interpretar y habiendo dejado un laberinto de palabras para que quizá alguno de tu mismo barro, pueda compartir su agonía en una lectura. El consuelo de una sonrisa cómplice. El de saber que alguien ha sentido eso mismo y que te entiende. El de saber que existe o existirá, que también ya existe, quien se estremezca al escuchar el mismo fuelle en el mismo pasaje, que sienta escalofríos al ver la misma imagen. El consuelo de saber que alguien entiende, como vos, que la vida sin esas convergencias puede ser algo intrascendente. Que la intrascendencia es el sin sentido de cualquier vida. Que la vida no tiene mayor sentido en este universo que nos hace doler la ignorancia y la estupidez. Como estas, otras miles de líneas que ya fueron y que serán, son el tissue para recoger los mocos de la agonía. Son la escafandra que usarás antes de ahogarte en el tiempo que engendrará otras piernas, lindas, infinitas para que otros necios no entiendan quién es el fletero de su único destino.

Fotografía por Jean Pierre Bordelois
Y es entonces cuando dibujas una contradicción, cerrás con llave tu texto y tirás la llave al fondo del río.
Así ya nadie ajeno podrá advertirte, y podrás seguir siendo para ellos como ellos son: miserable, cobarde, hermosa y deliberadamente ingenuo.
Tu vida se va a pasar sin hacerte interpretar y habiendo dejado un laberinto de palabras para que quizá alguno de tu mismo barro, pueda compartir su agonía en una lectura. El consuelo de una sonrisa cómplice. El de saber que alguien ha sentido eso mismo y que te entiende. El de saber que existe o existirá, que también ya existe, quien se estremezca al escuchar el mismo fuelle en el mismo pasaje, que sienta escalofríos al ver la misma imagen. El consuelo de saber que alguien entiende, como vos, que la vida sin esas convergencias puede ser algo intrascendente. Que la intrascendencia es el sin sentido de cualquier vida. Que la vida no tiene mayor sentido en este universo que nos hace doler la ignorancia y la estupidez. Como estas, otras miles de líneas que ya fueron y que serán, son el tissue para recoger los mocos de la agonía. Son la escafandra que usarás antes de ahogarte en el tiempo que engendrará otras piernas, lindas, infinitas para que otros necios no entiendan quién es el fletero de su único destino.

Fotografía por Jean Pierre Bordelois
jueves 17 de abril de 2008
Sombra
Mis manos en tu piel semidesnuda, hartas de soportar tu ausencia, por debajo de tu ropa por fin te sedujeron y pude acariciar el ápice de lo que ahora sé ya no será. Por un instante, de esos instantes para siempre, te robé del tiempo.
Una sombra sexy, inagotable, hacía doler de manera insoportable la más mínima distancia hasta tu cuerpo, te vestía de lleno iluminando tus ojos, tu boca, regalándome para que nunca olvide, un reflejo en tu piel y algún otro en tu pelo.

Fotografía: Sombra, por María Julia Aranguren
Una sombra sexy, inagotable, hacía doler de manera insoportable la más mínima distancia hasta tu cuerpo, te vestía de lleno iluminando tus ojos, tu boca, regalándome para que nunca olvide, un reflejo en tu piel y algún otro en tu pelo.

Fotografía: Sombra, por María Julia Aranguren
lunes 14 de abril de 2008
Una palabra
Aunque sea sencillamente al azar me gustaría poder elegirte una palabra, elegirte un color cuando yo quiera para que ya no seas ajena.
La sencilla excusa del que no entiende tu reclamo de rigurosa unicidad, se desvanece ante la incompleta e inexacta infinidad de palabras que me gustaría escribirte para que no leyeras. Ahora elijo el Jazmín, el mismo que en otro ahora de Jorge ha soñado alguien, el que canta el Flaco.. el caído de un amor, de un alma que te espera.

Fotografía por Juan García Gálvez
La sencilla excusa del que no entiende tu reclamo de rigurosa unicidad, se desvanece ante la incompleta e inexacta infinidad de palabras que me gustaría escribirte para que no leyeras. Ahora elijo el Jazmín, el mismo que en otro ahora de Jorge ha soñado alguien, el que canta el Flaco.. el caído de un amor, de un alma que te espera.

Fotografía por Juan García Gálvez
lunes 19 de marzo de 2007
A la inspiración ausente
Te estoy atrapando, tu atención es de este fondo blanco ojalá ya amarillo y con perfume de tiempo. Claro, en este instante hay nada entre vos y mi mirada.
Cuando escribo no se siquiera por donde estas, que estas haciendo, o con quién estuviste ayer a la noche. Se que me vas a leer. Ojalá lo hagas, no quiero que olvides lo que tengo que contarte.
Existe en el tiempo una transversal ironía que me suena a música, música que te trae de a ratos, música al ritmo de lineas que habré leído quién sabe donde, y a besos que alguien me ha dado quién sabe cuando.
Quizá el recuerdo, frágil, caprichoso, habite también las tangencias de tu olvido.
Para cuando logré aceptar la idea de tu partida sentí que te perdía, te perdía para siempre, y sin embargo no puedo dejarte de lado, no puedo anclar tu imagen al rincón de las cosas que no fueron y que nunca serán, al rincón donde todo lo que fue y será es al mismo tiempo, al rincón de Jorge, al reflejo donde todas las cosas confluyen. Tu imagen desafía las leyes de la melancolía, que son aún más rigurosas que aquella que regía tu suspiro al perturbar mis labios. Solo volvé.

Fotografía: Ausencia, por Jean Pierre Bordelois
Cuando escribo no se siquiera por donde estas, que estas haciendo, o con quién estuviste ayer a la noche. Se que me vas a leer. Ojalá lo hagas, no quiero que olvides lo que tengo que contarte.
Existe en el tiempo una transversal ironía que me suena a música, música que te trae de a ratos, música al ritmo de lineas que habré leído quién sabe donde, y a besos que alguien me ha dado quién sabe cuando.
Quizá el recuerdo, frágil, caprichoso, habite también las tangencias de tu olvido.
Para cuando logré aceptar la idea de tu partida sentí que te perdía, te perdía para siempre, y sin embargo no puedo dejarte de lado, no puedo anclar tu imagen al rincón de las cosas que no fueron y que nunca serán, al rincón donde todo lo que fue y será es al mismo tiempo, al rincón de Jorge, al reflejo donde todas las cosas confluyen. Tu imagen desafía las leyes de la melancolía, que son aún más rigurosas que aquella que regía tu suspiro al perturbar mis labios. Solo volvé.

Fotografía: Ausencia, por Jean Pierre Bordelois
martes 13 de febrero de 2007
Jazz

Prepararse para lo impredecible. Sacarse los zapatos, aflojar el respaldo de la silla, subir un poco el volumen, bajar la luz, y empieza a jugar con Jazz el Saxofón.
Ahora si. Te vi como antes no te había visto. Parada, apoyada en la pared blanca, una mano en el bolsillo, y mirando de costado, casi indiferente. No te conozco.
Cuán difícil será pensar en ese estadio. En esa enormidad vacía de todo menos, pareciera, el aire que alguien respira.
Qué distancias pueden separar un suspiro ansioso de una pared blanca, de una mano en el bolsillo, y de tus ojos de reojo casi eternamente tapados por tu flequillo indiferente.
Y así de injusto es todo.
Podrían haber sido tantas cosas que la simple ocurrencia de alguna es lo mismo que nada. Y podrían bailarte luciérnagas en un concierto de inconforme protesta ante esa única posibilidad que te alejará una vez más de mi y del otro. No hay pesimismo, no hay optimismo, no hay conformismo ni inconformismo, solo cabe la ignorancia o la advertencia. Y ese flequillo... ese flequillo es un garrón.
martes 23 de enero de 2007
Sur careta
Dar la espalda, cerrar la puerta, tomarse el buque. Ir más al Sur, más solo y con mucho más frío.
Sucede que siempre termina siendo lo mismo. De qué más podría tratarse que de aquello.
Millones de pelotudos a la orden de la probabilidad ordinaria, al azar de siempre y el resultado no puede ser distinto al que hay a la vista.
El reproche es inevitable y tu atracción persiste, rezaga y deja indefenso hasta a el más piola.
Perdidos ya en tu cara, en esa raya irregular que te dibuja el tiempo, millones te suspiraron y te la creíste.
No mientas más Sur, sos tan ilusorio que tu frío ha de ser tan azul como de tan azul pueda disfrazarse la ausencia y el vacío de tu reflejo.
Sur, sos lo mismo que el resto, amarillo. Como la arena.

Fotografía por Jean Pierre Bordelois
Sucede que siempre termina siendo lo mismo. De qué más podría tratarse que de aquello.
Millones de pelotudos a la orden de la probabilidad ordinaria, al azar de siempre y el resultado no puede ser distinto al que hay a la vista.
El reproche es inevitable y tu atracción persiste, rezaga y deja indefenso hasta a el más piola.
Perdidos ya en tu cara, en esa raya irregular que te dibuja el tiempo, millones te suspiraron y te la creíste.
No mientas más Sur, sos tan ilusorio que tu frío ha de ser tan azul como de tan azul pueda disfrazarse la ausencia y el vacío de tu reflejo.
Sur, sos lo mismo que el resto, amarillo. Como la arena.

Fotografía por Jean Pierre Bordelois
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